Veía llover a través de la ventana de mi habitación, y ahora siento las gotas sobre mí. Soy una de esas personas que duermen en la calle. Estoy aquí porque no tengo un techo propio ni un trabajo con que conseguirlo. No sé qué fue lo que me condujo a esto, pero un día, en el que nada había cambiado y a la vez todo era distinto, estaba en la calle. Pensaba que tenía muchas opciones, que tenía todo lo necesario para no tener que llegar hasta aquí, ni siquiera me planteaba que yo iba a ser uno más.
Van a venir a echarme de aquí y tendré que buscarme otro sitio, en la calle, dicen que damos mala imagen. Creo que nos tienen miedo, les recordamos demasiado todo aquello que pueden perder, saben que ellos también pueden ser como nosotros en un futuro. Eso aterra a cualquiera, por eso nos ignoran.
Pero seguimos aquí, en la calle, porque ya no tenemos otra salida, porque la única forma de ser visibles es que tengan que tropezar con nosotros. Hasta hace poco tiempo vivía protegido en mi casa, en la casa en la que he crecido, donde he estudiado, donde mis padres me acogían hasta que encontrara “algo”. Pero entonces decidí salir a la calle, harto de esperar a que pasara ese “algo”, decidido a cambiar todo desde aquí, donde puedan verme. Además no estoy solo, hay mucha gente como yo. He pensado muchas veces que era el único, que la vida era más fácil para los demás, que lo tenían todo simplemente porque nadie se quejaba…, yo tampoco me quejaba.
Ahora estoy en la calle, he salido a ella porque no quiero acabar un día aquí al no quedarme nada más, al margen de todo, invisible para siempre como aquellos que vagan por la ciudad sin esperar ya nada. Por mí y por todos esos a los que no vemos, salgo a la calle para reclamar un cambio. Espero que hoy cuando pases por aquí no mires para otro lado. Tú podrías ser yo.
1/6/11
14/4/11
26/3/11
Granada, 9
Sería capaz de cambiar el calendario lunar para verte aqui en Granada un día mas, podría llegar a escalar esta montaña polar y a tu lado aterrizar, del veleta sacromonte sin mirar podría viajar a Graná con mi nave espacial y el Paseo de los tristes alegrar si te pones a bailar, las estrellas nos alambran al pasar.
Siendo tan pequeño el universo como pudiste caber alli, siendo tan eterno este momento como me voy a querer morir... para quedarme sin ti.
Y bailar con la muerte no es buen plan, yo prefiero que me mates tu a bailar...
21/3/11
14/3/11
Oleadas
De repente un día, todo comenzó de nuevo. Estalló la tormenta y volvió a naufragar entre golpes e insultos. Aguantó los azotes de su mano airada, mezclando sus lágrimas de salitre con el agua que la rodeaba, flotando. Le perdonó pensando que no se puede cambiar la naturaleza, y en ese momento se hundió entre las burbujas que abrasaban su piel.
Sabía que nada cambiaba, que todo comenzaba de nuevo pasado un tiempo. Las olas arrastraban lo que se interponía en su camino, retrocedían y volvían otra vez. Y él la arrasaba con su aliento a sal, con sus golpes de mar, en un abrazo hacía las profundidades. Abajo no se veía nada y no podía respirar. Cuando ya no le quedaban fuerzas, salía a la superficie dando bocanadas a la realidad, sobreviviendo.
Ola tras ola, viéndolas venir desde la orilla. Una onda pequeña, apenas unas cosquillas en los pies; otra un poco más grande, le sube el vestido y le moja las piernas; otra más brusca, se desequilibra y gira sobre la arena; una fuerte sacudida la arrastra hacia dentro, allí está él, la asfixia y la vuelve a sacar a la superficie. Una sonrisa le da calma y vuelve a sumergirse.
Un día se queda tumbada donde rompen las olas, clavadas las uñas en la masa arenosa. Sacudidas que van enterrándola, los finos granos la ciegan, se hunde. No respira, ya no hay nada, la playa está desierta.
Ola tras ola...
Sabía que nada cambiaba, que todo comenzaba de nuevo pasado un tiempo. Las olas arrastraban lo que se interponía en su camino, retrocedían y volvían otra vez. Y él la arrasaba con su aliento a sal, con sus golpes de mar, en un abrazo hacía las profundidades. Abajo no se veía nada y no podía respirar. Cuando ya no le quedaban fuerzas, salía a la superficie dando bocanadas a la realidad, sobreviviendo.
Ola tras ola, viéndolas venir desde la orilla. Una onda pequeña, apenas unas cosquillas en los pies; otra un poco más grande, le sube el vestido y le moja las piernas; otra más brusca, se desequilibra y gira sobre la arena; una fuerte sacudida la arrastra hacia dentro, allí está él, la asfixia y la vuelve a sacar a la superficie. Una sonrisa le da calma y vuelve a sumergirse.
Un día se queda tumbada donde rompen las olas, clavadas las uñas en la masa arenosa. Sacudidas que van enterrándola, los finos granos la ciegan, se hunde. No respira, ya no hay nada, la playa está desierta.
Ola tras ola...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
¿En qué estrella estará mi dulce corazón?