16/12/12

Viaje de vuelta

Nunca había deseado tanto estar de vuelta. Había pasado demasiados años olvidando aquellos rostros, las voces que los acompañaban, esa casa que siempre le pareció maldita. Y ahora estaba pasando sus últimos días intentando volver allí, primero atravesando el frío en un tren, después buscando quien le acercara unos pocos kilómetros más, y por fin se encontraba en un viejo autobús renqueante por carreteras oscuras. Miraba a través del cristal, la mirada siempre fija. Le rodeaban muecas de angustia y tristeza, lágrimas. Silencio. No pensó en volver nunca, hoy era lo que más ansiaba.

No quedaría mucho combustible, esperaba que fuera el suficiente para que solo tuviese que andar un día. Desandar tanta distancia, la misma que había interpuesto entre ellos y que se le hacía su mayor enemiga junto con el tiempo, no sabía cuánto tiempo le quedaba. Andaría ese camino con la mirada fija en un punto que le guiaba. Ansiaba un hogar, el suyo.

Esos que ahora enmudecían y sollozaban, hacía no muchos días habían estado llenos de ira. El egoísmo se veía en los ojos, la desesperación, un enorme caos invadía cada rincón. Y tantos, tantos gritos. De quienes clamaban al cielo, de quienes sembraban el terror, de quienes revelaban profecías, todos de los que sentían dolor. Esos gritos y esa ira eran los que habían poblado la primera parte de su vida, de la que había huido con la misma desesperación. Ellos siempre habían estado en ese final, un final que nunca acababa de gritos, insultos, peleas, lloros, escondites, miedo, terror y dolor. El final de todo era un niño acurrucado debajo de una cama, con los oídos tapados e intentando no respirar, con la mirada fija en un pequeño halo de luz que traspasaba una rendija de la puerta.

Tenía la mirada fija, fija en esa luz. Fija en esa inmensa luz anaranjada que crecía imperceptiblemente cada hora. Esa luz que le estaba permitiendo volver a casa.

11/9/12

Bruxelles

Este es mi undécimo día aquí, y como diez días de sol y calor eran muchos, está lloviendo. Bruselas me ha recibido con su mejor cara, no era para menos, la tenía por "la ciudad más fea en la que había estado", pero a las pocas horas ya me estaba sorprendiendo, con rincones bonitos y fachadas preciosas. Es ciudad de contrastes, con un edificio del 1500 frente a ti y justo detrás sobresaliendo una mole ultramoderna con ventanas de espejos. El pentágono, el centro, es chiquitito, pero fuera de sus límites hay barrios con distintas personalidades y cosas por descubrir. Y ahora que aún es verano cada fin de semana se monta una feria temática de algo, con muchas actividades para hacer y ver. Mi barrio tiene espíritu bohemio y multicultural, lo veo como una mezcla de Lavapiés, Malasaña y la Latina, con sus tiendas marroquies y chinas, las de ropa de segunda mano y vintage, las terrazas para pasar la mañana y la tarde del domingo y los bares para probar cientos de cervezas distintas. 
Y los murales de comics, los gofres, las frites, las boulangeries, los mejillones, los mercadillos, las iglesias... Me gusta.

19/7/12

My green Island

Queda menos de una semana para volver, todavía no estoy haciendo maletas ni preparando nada y seguramente los últimos días esté muy atareada por dejarlo todo (como siempre) para el último momento, asi que hoy voy a hacer un mapa de recuerdos, las pequeñas o grandes cosas que han pasado por estas tierras y que siempre traerán una sonrisa.

La primera vez que me fui a subir al coche por el lado del conductor, y las muchas que le siguieron, porque hay cosas que es imposible aprender. Y las sorpresas que nos llevábamos al ver niños y perros "conduciendo".
El primer sábado que fui al pub y mi primera half pint de Guinness (nunca más fueron half), el primer día de cole con el gorro y la bufanda amarillos y el primer día de Penneys en Blanchardstown, y la primera vez en el  LaBucca, con las alemanas, porque todas esas primeras veces son en las que conocí a cada una de mis ratonianas-mordorianas favoritas (¡viva los orcos de Mordor!).
Las noches de Temple bar, viendo a nuestro cantante, cuando Irlanda nos quería y los irlandeses nos invitaban a pintas solo para que fuéramos felices.
Cuando intentamos robar los tutús verdes del Dunnes, definitivamente para ladronas no valemos.
Nuestro primer partido de rugby viendo las 6 naciones y como nos inventábamos las reglas "¡el salto mortal!".
El día de Howth paseando bajo la lluvia y buscando el maldito camino para ir al faro, luego en el castillo "melancholia" y finalmente buscando el camino a la playa. Y no encontramos ni uno ni otro porque Bono no nos dejaba.
¡Cuando nos echaron del Foam! Eso sí, muy educadamente, aquí te pisarán/empujarán/matarán sin piedad pero pedir disculpas después que no falte. "Oh, sorry".
La noche en Swans cuando el dueño nos invitaba a chupitos y conocimos a los irlandeses más raros de toda irlanda: el brasileño, el francés, el Bisbal... Y ahora son nuestros hobbits de la Comarca. ¡Ese Frodo!
Ana y yo y nuestras visitas turisticas-vintage a Dublin, con sus puertas de colores, su Flea Market, su Jameson destillery, colarse en el libro de Kells y la biblioteca del Trinity, acabar en el Penneys otra vez, ir a la parada corriendo bajo la lluvia con las bolsas rotas y esperar eternamente al bus de las ocho.
El turkshead, bailando flamenco con los irlandeses, coger 5 euros de la barra ¡cerveza gratis!y el descubrimiento del Sweenies
Las cenas spanish en casas de familias irlandesas ausentes (mención especial a VanDamme bailando la vaina loca).
Nuestras clases de ingles, con el profesor más lento del mundo, pobrecillo y que poco aprendimos.
Visitas una noche sí y otra también al wook del cocinero chino que te hace los noodles en pijama, andar y andar buscando gamos por Phoenix Park, las dos pintas en el Gravity Bar gracias a la picaresca española...
Saint Patrick's day Loewe, con las uñas naranja neón, el despiste con los autobuses y las dificultades para llegar a Dublín, el mojito/las botellas de mojito, la no-parade, la fiesta en casa de Jonathan, mas mojito, mi movil perdido, los pubs desconocidos y luego resulta que es el Sweenies, las que se pierden y solo vuelven a casa dos. Fué un Saint Patrick alternativo.
El viaje a Edimburgo, con lluvia, con sol, con niebla... noches tenebrosas y entre fantasmas.
La confimación de Alannah, el contentillo con los vinos e irme sin dinero a Ashbourne para empalmar.
Todas las cenas/comidas con la familia y los abuelos, en las que terminaba "contenta" y hablando por los codos "spanglish" con la abuela y una copita.
Una noche en la Comarca, los "bocaos", la cerveza con olor a marihuana, chupitos, el poema-declaración del Lolas, el anillo y el monte del destino a caballito con Frodo.
El viaje a Belfast, lo que nos gusta un mural a nosotras, buscando donde se hizo el Titanic, ¡la paella maravillosa del Sant George Market!, el tour con el guía gracioso-pero-no-me-hace-ni-puta-gracia-este-tío y la música a tope, el camarero italiano, durmiendo con la china y la rancia del hostel...
Otro viaje más, a Galway: la tienda del coche de Urkel, el free market en el arco español y la de cositas que nos regalaron super fashion-vintage, los cisnes, el precioso día que nos tocó para ir a los acantilados, suicidarse a lo "Mary Popins" tirándose con un paraguas, el super guía abuelito que nos llevó por las solitarias carreteras del Burren (que grande el hombre y su duende, y los mil idiomas en los que sabe decir te quiero).
La semana lovely de sol y los paseos con las gemelas por Mordor, en nuestro green entre margaritas.
Ruta por Glendalough, el palizón a andar cuesta arriba con un hobbit y uno del countryside (que era mi amigo y ahora es mi enemigo, jejeje, ¡tenía que decirlo!), y la mítica confusión Sevilla-Eslovenia "Tú tienes que comer pringá".
Los coches pitándonos por las carreteras de Ashbourne y Fairyhouse, ¿que pasa, que en este país no se puede ir andando a ningún lado?
Viaje a Cork y la lluvia que acabó con mi paraguas, el botellón en el hostel, el libro de los orcos, "si somos un cacho bread", el de la tableta de chocolate, el niño monísimo que hablaba con la abuelilla, mi camarero de Cork (siempre te recordaré, ¡guapo!), Kinsale con sus casas de colores y el fast-tour que nos hizo Tere. Y del "cabreillo" y las que se perdieron para ir a Blarney ya ni nos acordamos.
La Eurocopa, el primer partido y "¡Kalise para todos!", el España-Irlanda en Swans rodeadas de irlandeses y como nos dieron la enhorabuena, se hicieron fotos con nosotras y nuestra bandera del toro y nos invitaron a chupitos rojos. El España-Francia y los bailes de después con los gays, los penaltis con la mediana y la cara de Christiano, y la final sin voz.
La visita de los Left a Irlanda y la comida con los O'Riordan haciendo de traductora, mi amigo el pato y los mil saltos en el Phoenix.
Las conversaciones sobre España y la crisis, arreglando el mundo por un camino perdido de un pueblo irlandes, y el día de verano que nos cayó el diluvio universal y queríamos hacer un "Mediterraneamente irlandés".
Los paseos al cole con Isa tirando de mí.
Y las ultimas noches locas en Dublín: El orgullo gay multicolor en Merrion Square, la fiesta con los brasileños, el momentazo y el final "feliz" afónico de la noche; la fiesta en casa de los polacos, el Jaggermaister, las Praskys y el pulpo; y la noche del Whelans, bebiendo por la calle vino y los bailes desenfrenados en la pista.
Y los cuervos, la lluvia, las ovejas, las vacas y los caballos...

Probablemente sea el resumen y la entrada más larga que haya escrito. Son casi siete meses con millones de buenos momentos, y por eso es tan triste tener que irme, pero creo que es mejor irse ahora, cuando todo es maravilloso y nada va a poder empañar este recuerdo. Además aún nos queda al menos una fiesta más este fin de semana...

¡Volveré!

21/6/12

Planes



Llevo casi 6 meses aquí y parece que ya debo empezar a hacer planes de nuevo. Tengo vuelo de vuelta.
A pesar de la lluvia y el viento con la que hemos amanecido en este lugar del mundo, hoy ya es oficialmente verano, y no puedo parar de pensar en aguas azules, soles, bikinis, bronceadores, vestiditos y sandalias, cañas en noches calurosas... todo mezclado con estos verdes paisajes, estas calles melancólicas, cervezas negras, los zapatos cerrados, los abrigos..., y que en realidad me da tanta pena dejar.
Hay que volver, volver para volverme a ir (nunca sabes donde puedes terminar o empezar), con un mes de por medio para poder disfrutar de todo lo que echaré de menos y que parece que cada vez va a estar más lejos. 

Y bueno, no es París, pero se le parece.

3/5/12

Fuera

Sí, siempre he querido irme fuera a vivir, era una de esas cosas que no quería ni debía dejar pasar.


Te vas fuera del sitio donde naciste, donde has vivido infancia, adolescencia y (parte de tu) juventud, y tienes mil motivos, estás harta de lo mismo y necesitas un cambio, no tienes trabajo, las cosas son distintas y crees que ese sitio ya no es el mismo, aprender.... quieres vivir esa experiencia, salir fuera y empezar a sentirte el extranjero, el distinto. Y en mi caso me fuí, como quien cambia de barrio o de ciudad, a otro país, sin pensar demasiado como sería o lo que me esperaba, y teniendo como prejuicio que empezaría a echar de menos, "la nostalgia" temida de todo inmigrante. 


Sorpresa (y susto al darme cuenta de lo desapegada que soy) cuando pasan los días, las semanas y los meses y no, no echas de menos, o al menos no con la intensidad que cabría esperar. Pero eso dura lo que tardas en volver a casa por vacaciones. Después de pasarme un vuelo de más de dos horas leyendo y durmiendo, y eso que nunca me duermo en un avión, empezamos a aterrizar, y yo que sé que eso de ahí abajo es Mi país, empiezo a sentir una cosa extraña, y cuando toca tierra se me escapa una sonrisilla y un cosquilleo en el estómago que me dice "ya estás en casa". Juro que no lo hice a posta, ese amor por la tierra fue súbito y muy natural. Bajo y aunque ha llovido la sensación es de calidez. Luego voy por los pasillos del aeropuerto alucinada leyendo todos los carteles que me encuentro hasta llegar a ver la primera cara conocida. Entonces supe que sí había echado de menos.


Me había pasado tres meses diciendo "pues yo estoy contentísima con el tiempo aquí, creía que iba a pasarlo peor, además hasta sale el sol"... Aunque suene a tópico, este sol es una broma, la luz es diferente y nosotros estamos acostumbrados a mirar con la nuestra. Además me he pasado dos semanas comiendo todo lo que me gusta desesperadamente con una lista que me hice del tipo de las que haces antes del fin del mundo. No sabía que me gustaban tanto los churros con chocolate y las fresas.


Y luego están las cosas que han cambiado y las que habían cambiado antes de irte pero que, o no te habías dado cuenta o esperabas a que volvieran a ser como antes mientras estabas ausente. Ahí es cuando llega el punto de inflexión, tomas conciencia de todo lo que no te gusta de tu hogar, empiezas a comparar con lo que tienes aquí, piensas que es mejor, pero en otras cosas es peor, que como en casa no se está en ninguna parte... y al final te haces un lío de cabeza y ya no perteneces totalmente ni a un sitio ni a otro, ya has ido dejando trocitos en los dos.


Hasta ahora solo sabía lo que era sentir nostalgia por lo que había perdido, ahora la tengo por cosas que siguen ahí, pero que están lejos. Y he sentido nostalgia al coger del armario algo que me traje y que huele al detergente de mi casa. 

18/2/12

Doors

3/2/12

Un mes

Se que todo esto fue por París y también por Lola. De esa necesidad y de ese querer vivir en la ciudad de las luces como una bohemia más ha surgido este primer mes en una isla pequeña y mucho más acogedora. 

Casi siento decirlo, pero no echo de menos nada (bueno, a tí sí), me adapto, se adaptan a mi y todo va como la seda. Y eso es algo que en mi caso, y viendo mis experiencias pasadas en casi cualquier ámbito, es casi como un milagro. Ni yo misma lo creo (y por eso aún cruzo los dedos por si se fuera a torcer), porque me gusta mi casa, me gustan los que me rodean, me gusta mi habitación, me gustan las cenas y mi vida aquí.


Vivo con personas encantadoras, que siempre usan palabras amables y divertidas conmigo. Además he conocido a gente de "nuestra tierra" con la que congenio perfectamente y nos lo pasamos muy bien. Me he enamorado del verde, de la lluvia, de ese sol bajo, del poni, de las pintas de Guinness, hasta de los cuervos. Y cada día un poco más de Dublin, una ciudad de esas que no dices que sea bonita porque lo esconde todo sutilmente para que vayas en su busca. 


En cuanto al idioma... bueno, supongo que algo habré aprendido, al menos ya no me paso el tiempo pensando ¿como digo esto? y sale algo más natural, aunque sea de un "natural indio". Voy a ser positiva, seguro que estoy aprendiendo, pero ya me he dado cuenta de que esto va por días y depende de como te levantes de parlanchina. Poco a poco, aunque el tiempo para esto si que corra.


En definitiva, este tiempo solo puedo definirlo como lo harían aqui:



Lovely, absolutely lovely

25/1/12

Baile Átha Cliath

Dublin







13/1/12

Ratoath

Primeras fotos




4/1/12

Primer día en Fairyhouse road

Nervios solo por el peso de la maleta, por si llego con tiempo, por si llevo todo lo que necesito... no me da tiempo a pensar en como será al llegar aquí. Y después de horas de facturar, esperar, colocar maletas, volar... vamos aterrizando entre turbulencias por el fuerte viento. Entre el hueco que me deja el ala del avión voy viendo abajo la costa, las fuertes olas, el mar verde, la tierra verde.
Voy pasando por pasillos y leo carteles para ir acercándome a mi primer destino, cojo mis cosas entre excusesmes y me acerco al fin a la salida. Sonrisilla ¿ahora se me ocurre pensar como será, si los reconoceré? No hace falta, ellas me ven, me abrazan y nos damos dos besos (como en España). Las primeras frases, preguntas, comentarios, subimos, bajamos apresuradas. En el coche la primera metedura de pata típica de principiante ¡me voy a subir por el lado del conductor! No pasa nada, "I drive!" y todo perfecto. Hablamos (como puedo) todo el camino, y me derrito por la calefacción del asiento. Fuera empieza a llover y poco antes había aterrizado con sol. Y llegamos a Fairyhouse road, con sus casitas bajas de cuento, la humedad en la hierba y los adornos navideños en las puertas.
He comido bien, me he reido mucho con las niñas, me han preguntado montones de cosas y yo me he defendido lo mejor posible. Hemos visto pingüinos, he colocado las pocas cosas que he traido, les he dado unos regalitos y me han dado las gracias con abrazos, han encendido las luces de los árboles, he contestado a mensajes y visto a los de España. Y ahora me caigo de sueño pero hasta se me ha pasado el dolor de cabeza.

Creo que esto puede gustarme mucho, aunque el viento aún está soplando fuera.

¿En qué estrella estará mi dulce corazón?

¿En qué estrella estará mi dulce corazón?