En esta ciudad que dicen es de grises, hay colores en los murales, en la música del metro, en las tiendas de segunda mano, en nuestras pisadas. Pasan de largo con sus historias, las mismas que en cualquier lugar.
22/1/13
3/1/13
Un 3 de enero
Aterrizando en Irlanda, me había ido de mi país por un tiempo, al menos hasta julio. Gracias a eso, un año después puedo decir que me comunico en inglés, empiezo a hacerlo también en francés, vivo en mi propia casa, conozco nuevos lugares y personas (un montón más), lo he pasado tan bien como solía hacerlo antes (y he vuelto a tener esas resacas horrorosas), he podido dejar de pensar a ratos en todo lo que iba mal, he cumplido los terribles treinta sin darme cuenta y tengo unas amigas maravillosas a las que ese 3 de enero aún no conocía.
Además, puedo medio tachar algo de mi lista,
No tener frío
16/12/12
Viaje de vuelta
Nunca había deseado tanto estar de vuelta. Había pasado
demasiados años olvidando aquellos rostros, las voces que los acompañaban, esa
casa que siempre le pareció maldita. Y ahora estaba pasando sus últimos días
intentando volver allí, primero atravesando el frío en un tren, después
buscando quien le acercara unos pocos kilómetros más, y por fin se encontraba
en un viejo autobús renqueante por carreteras oscuras. Miraba a través del
cristal, la mirada siempre fija. Le rodeaban muecas de angustia y tristeza,
lágrimas. Silencio. No pensó en volver nunca, hoy era lo que más ansiaba.
No quedaría mucho combustible, esperaba que fuera el suficiente para que solo tuviese que andar un día.
Desandar tanta distancia, la misma que había interpuesto entre ellos y que se
le hacía su mayor enemiga junto con el tiempo, no sabía cuánto tiempo le quedaba.
Andaría ese camino con la mirada fija en un punto que le guiaba. Ansiaba un
hogar, el suyo.
Esos que ahora enmudecían y sollozaban, hacía no muchos días
habían estado llenos de ira. El egoísmo se veía en los ojos, la desesperación,
un enorme caos invadía cada rincón. Y tantos, tantos gritos. De quienes clamaban
al cielo, de quienes sembraban el terror, de quienes revelaban profecías, todos de
los que sentían dolor. Esos gritos y esa ira eran los que habían poblado la
primera parte de su vida, de la que había huido con la misma desesperación.
Ellos siempre habían estado en ese final, un final que nunca acababa de gritos,
insultos, peleas, lloros, escondites, miedo, terror y dolor. El final de todo
era un niño acurrucado debajo de una cama, con los oídos tapados e intentando
no respirar, con la mirada fija en un pequeño halo de luz que traspasaba una
rendija de la puerta.
Tenía la mirada fija, fija en esa luz. Fija en esa inmensa
luz anaranjada que crecía imperceptiblemente cada hora. Esa luz que le estaba
permitiendo volver a casa.
11/9/12
Bruxelles
Este es mi undécimo día aquí, y como diez días de sol y calor eran muchos, está lloviendo. Bruselas me ha recibido con su mejor cara, no era para menos, la tenía por "la ciudad más fea en la que había estado", pero a las pocas horas ya me estaba sorprendiendo, con rincones bonitos y fachadas preciosas. Es ciudad de contrastes, con un edificio del 1500 frente a ti y justo detrás sobresaliendo una mole ultramoderna con ventanas de espejos. El pentágono, el centro, es chiquitito, pero fuera de sus límites hay barrios con distintas personalidades y cosas por descubrir. Y ahora que aún es verano cada fin de semana se monta una feria temática de algo, con muchas actividades para hacer y ver. Mi barrio tiene espíritu bohemio y multicultural, lo veo como una mezcla de Lavapiés, Malasaña y la Latina, con sus tiendas marroquies y chinas, las de ropa de segunda mano y vintage, las terrazas para pasar la mañana y la tarde del domingo y los bares para probar cientos de cervezas distintas.
19/7/12
My green Island
Queda menos de una semana para volver, todavía no estoy haciendo maletas ni preparando nada y seguramente los últimos días esté muy atareada por dejarlo todo (como siempre) para el último momento, asi que hoy voy a hacer un mapa de recuerdos, las pequeñas o grandes cosas que han pasado por estas tierras y que siempre traerán una sonrisa.
La primera vez que me fui a subir al coche por el lado del conductor, y las muchas que le siguieron, porque hay cosas que es imposible aprender. Y las sorpresas que nos llevábamos al ver niños y perros "conduciendo".
El primer sábado que fui al pub y mi primera half pint de Guinness (nunca más fueron half), el primer día de cole con el gorro y la bufanda amarillos y el primer día de Penneys en Blanchardstown, y la primera vez en el LaBucca, con las alemanas, porque todas esas primeras veces son en las que conocí a cada una de mis ratonianas-mordorianas favoritas (¡viva los orcos de Mordor!).
Las noches de Temple bar, viendo a nuestro cantante, cuando Irlanda nos quería y los irlandeses nos invitaban a pintas solo para que fuéramos felices.
Cuando intentamos robar los tutús verdes del Dunnes, definitivamente para ladronas no valemos.
Nuestro primer partido de rugby viendo las 6 naciones y como nos inventábamos las reglas "¡el salto mortal!".
Nuestro primer partido de rugby viendo las 6 naciones y como nos inventábamos las reglas "¡el salto mortal!".
El día de Howth paseando bajo la lluvia y buscando el maldito camino para ir al faro, luego en el castillo "melancholia" y finalmente buscando el camino a la playa. Y no encontramos ni uno ni otro porque Bono no nos dejaba.
¡Cuando nos echaron del Foam! Eso sí, muy educadamente, aquí te pisarán/empujarán/matarán sin piedad pero pedir disculpas después que no falte. "Oh, sorry".
La noche en Swans cuando el dueño nos invitaba a chupitos y conocimos a los irlandeses más raros de toda irlanda: el brasileño, el francés, el Bisbal... Y ahora son nuestros hobbits de la Comarca. ¡Ese Frodo!
Ana y yo y nuestras visitas turisticas-vintage a Dublin, con sus puertas de colores, su Flea Market, su Jameson destillery, colarse en el libro de Kells y la biblioteca del Trinity, acabar en el Penneys otra vez, ir a la parada corriendo bajo la lluvia con las bolsas rotas y esperar eternamente al bus de las ocho.
El turkshead, bailando flamenco con los irlandeses, coger 5 euros de la barra ¡cerveza gratis!y el descubrimiento del Sweenies
Las cenas spanish en casas de familias irlandesas ausentes (mención especial a VanDamme bailando la vaina loca).
Nuestras clases de ingles, con el profesor más lento del mundo, pobrecillo y que poco aprendimos.
Nuestras clases de ingles, con el profesor más lento del mundo, pobrecillo y que poco aprendimos.
Visitas una noche sí y otra también al wook del cocinero chino que te hace los noodles en pijama, andar y andar buscando gamos por Phoenix Park, las dos pintas en el Gravity Bar gracias a la picaresca española...
Saint Patrick's day Loewe, con las uñas naranja neón, el despiste con los autobuses y las dificultades para llegar a Dublín, el mojito/las botellas de mojito, la no-parade, la fiesta en casa de Jonathan, mas mojito, mi movil perdido, los pubs desconocidos y luego resulta que es el Sweenies, las que se pierden y solo vuelven a casa dos. Fué un Saint Patrick alternativo.
El viaje a Edimburgo, con lluvia, con sol, con niebla... noches tenebrosas y entre fantasmas.
La confimación de Alannah, el contentillo con los vinos e irme sin dinero a Ashbourne para empalmar.
Todas las cenas/comidas con la familia y los abuelos, en las que terminaba "contenta" y hablando por los codos "spanglish" con la abuela y una copita.
Una noche en la Comarca, los "bocaos", la cerveza con olor a marihuana, chupitos, el poema-declaración del Lolas, el anillo y el monte del destino a caballito con Frodo.
El viaje a Belfast, lo que nos gusta un mural a nosotras, buscando donde se hizo el Titanic, ¡la paella maravillosa del Sant George Market!, el tour con el guía gracioso-pero-no-me-hace-ni-puta-gracia-este-tío y la música a tope, el camarero italiano, durmiendo con la china y la rancia del hostel...
Otro viaje más, a Galway: la tienda del coche de Urkel, el free market en el arco español y la de cositas que nos regalaron super fashion-vintage, los cisnes, el precioso día que nos tocó para ir a los acantilados, suicidarse a lo "Mary Popins" tirándose con un paraguas, el super guía abuelito que nos llevó por las solitarias carreteras del Burren (que grande el hombre y su duende, y los mil idiomas en los que sabe decir te quiero).
La semana lovely de sol y los paseos con las gemelas por Mordor, en nuestro green entre margaritas.
Ruta por Glendalough, el palizón a andar cuesta arriba con un hobbit y uno del countryside (que era mi amigo y ahora es mi enemigo, jejeje, ¡tenía que decirlo!), y la mítica confusión Sevilla-Eslovenia "Tú tienes que comer pringá".
Los coches pitándonos por las carreteras de Ashbourne y Fairyhouse, ¿que pasa, que en este país no se puede ir andando a ningún lado?
Viaje a Cork y la lluvia que acabó con mi paraguas, el botellón en el hostel, el libro de los orcos, "si somos un cacho bread", el de la tableta de chocolate, el niño monísimo que hablaba con la abuelilla, mi camarero de Cork (siempre te recordaré, ¡guapo!), Kinsale con sus casas de colores y el fast-tour que nos hizo Tere. Y del "cabreillo" y las que se perdieron para ir a Blarney ya ni nos acordamos.
La Eurocopa, el primer partido y "¡Kalise para todos!", el España-Irlanda en Swans rodeadas de irlandeses y como nos dieron la enhorabuena, se hicieron fotos con nosotras y nuestra bandera del toro y nos invitaron a chupitos rojos. El España-Francia y los bailes de después con los gays, los penaltis con la mediana y la cara de Christiano, y la final sin voz.
La visita de los Left a Irlanda y la comida con los O'Riordan haciendo de traductora, mi amigo el pato y los mil saltos en el Phoenix.
Las conversaciones sobre España y la crisis, arreglando el mundo por un camino perdido de un pueblo irlandes, y el día de verano que nos cayó el diluvio universal y queríamos hacer un "Mediterraneamente irlandés".
Los paseos al cole con Isa tirando de mí.
Y las ultimas noches locas en Dublín: El orgullo gay multicolor en Merrion Square, la fiesta con los brasileños, el momentazo y el final "feliz" afónico de la noche; la fiesta en casa de los polacos, el Jaggermaister, las Praskys y el pulpo; y la noche del Whelans, bebiendo por la calle vino y los bailes desenfrenados en la pista.
Y los cuervos, la lluvia, las ovejas, las vacas y los caballos...
Probablemente sea el resumen y la entrada más larga que haya escrito. Son casi siete meses con millones de buenos momentos, y por eso es tan triste tener que irme, pero creo que es mejor irse ahora, cuando todo es maravilloso y nada va a poder empañar este recuerdo. Además aún nos queda al menos una fiesta más este fin de semana...
¡Volveré!
La confimación de Alannah, el contentillo con los vinos e irme sin dinero a Ashbourne para empalmar.
Todas las cenas/comidas con la familia y los abuelos, en las que terminaba "contenta" y hablando por los codos "spanglish" con la abuela y una copita.
Una noche en la Comarca, los "bocaos", la cerveza con olor a marihuana, chupitos, el poema-declaración del Lolas, el anillo y el monte del destino a caballito con Frodo.
El viaje a Belfast, lo que nos gusta un mural a nosotras, buscando donde se hizo el Titanic, ¡la paella maravillosa del Sant George Market!, el tour con el guía gracioso-pero-no-me-hace-ni-puta-gracia-este-tío y la música a tope, el camarero italiano, durmiendo con la china y la rancia del hostel...
Otro viaje más, a Galway: la tienda del coche de Urkel, el free market en el arco español y la de cositas que nos regalaron super fashion-vintage, los cisnes, el precioso día que nos tocó para ir a los acantilados, suicidarse a lo "Mary Popins" tirándose con un paraguas, el super guía abuelito que nos llevó por las solitarias carreteras del Burren (que grande el hombre y su duende, y los mil idiomas en los que sabe decir te quiero).
La semana lovely de sol y los paseos con las gemelas por Mordor, en nuestro green entre margaritas.
Ruta por Glendalough, el palizón a andar cuesta arriba con un hobbit y uno del countryside (que era mi amigo y ahora es mi enemigo, jejeje, ¡tenía que decirlo!), y la mítica confusión Sevilla-Eslovenia "Tú tienes que comer pringá".
Los coches pitándonos por las carreteras de Ashbourne y Fairyhouse, ¿que pasa, que en este país no se puede ir andando a ningún lado?
Viaje a Cork y la lluvia que acabó con mi paraguas, el botellón en el hostel, el libro de los orcos, "si somos un cacho bread", el de la tableta de chocolate, el niño monísimo que hablaba con la abuelilla, mi camarero de Cork (siempre te recordaré, ¡guapo!), Kinsale con sus casas de colores y el fast-tour que nos hizo Tere. Y del "cabreillo" y las que se perdieron para ir a Blarney ya ni nos acordamos.
La Eurocopa, el primer partido y "¡Kalise para todos!", el España-Irlanda en Swans rodeadas de irlandeses y como nos dieron la enhorabuena, se hicieron fotos con nosotras y nuestra bandera del toro y nos invitaron a chupitos rojos. El España-Francia y los bailes de después con los gays, los penaltis con la mediana y la cara de Christiano, y la final sin voz.
La visita de los Left a Irlanda y la comida con los O'Riordan haciendo de traductora, mi amigo el pato y los mil saltos en el Phoenix.
Las conversaciones sobre España y la crisis, arreglando el mundo por un camino perdido de un pueblo irlandes, y el día de verano que nos cayó el diluvio universal y queríamos hacer un "Mediterraneamente irlandés".
Los paseos al cole con Isa tirando de mí.
Y las ultimas noches locas en Dublín: El orgullo gay multicolor en Merrion Square, la fiesta con los brasileños, el momentazo y el final "feliz" afónico de la noche; la fiesta en casa de los polacos, el Jaggermaister, las Praskys y el pulpo; y la noche del Whelans, bebiendo por la calle vino y los bailes desenfrenados en la pista.
Y los cuervos, la lluvia, las ovejas, las vacas y los caballos...
Probablemente sea el resumen y la entrada más larga que haya escrito. Son casi siete meses con millones de buenos momentos, y por eso es tan triste tener que irme, pero creo que es mejor irse ahora, cuando todo es maravilloso y nada va a poder empañar este recuerdo. Además aún nos queda al menos una fiesta más este fin de semana...
¡Volveré!
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