25/1/12

13/1/12

Ratoath

Primeras fotos




4/1/12

Primer día en Fairyhouse road

Nervios solo por el peso de la maleta, por si llego con tiempo, por si llevo todo lo que necesito... no me da tiempo a pensar en como será al llegar aquí. Y después de horas de facturar, esperar, colocar maletas, volar... vamos aterrizando entre turbulencias por el fuerte viento. Entre el hueco que me deja el ala del avión voy viendo abajo la costa, las fuertes olas, el mar verde, la tierra verde.
Voy pasando por pasillos y leo carteles para ir acercándome a mi primer destino, cojo mis cosas entre excusesmes y me acerco al fin a la salida. Sonrisilla ¿ahora se me ocurre pensar como será, si los reconoceré? No hace falta, ellas me ven, me abrazan y nos damos dos besos (como en España). Las primeras frases, preguntas, comentarios, subimos, bajamos apresuradas. En el coche la primera metedura de pata típica de principiante ¡me voy a subir por el lado del conductor! No pasa nada, "I drive!" y todo perfecto. Hablamos (como puedo) todo el camino, y me derrito por la calefacción del asiento. Fuera empieza a llover y poco antes había aterrizado con sol. Y llegamos a Fairyhouse road, con sus casitas bajas de cuento, la humedad en la hierba y los adornos navideños en las puertas.
He comido bien, me he reido mucho con las niñas, me han preguntado montones de cosas y yo me he defendido lo mejor posible. Hemos visto pingüinos, he colocado las pocas cosas que he traido, les he dado unos regalitos y me han dado las gracias con abrazos, han encendido las luces de los árboles, he contestado a mensajes y visto a los de España. Y ahora me caigo de sueño pero hasta se me ha pasado el dolor de cabeza.

Creo que esto puede gustarme mucho, aunque el viento aún está soplando fuera.

26/12/11

Viajes 2011

Han sido viajes "en un arrebato" los de este año. Decir "tengo que ir a..." y coger el billete sin pensarlo demasiado. Así empezó, regalando unos vuelos a Verona volví a Italia, y gracias a eso pude redescubrir Venecia, esta vez entre la niebla, comer las mejores pizzas, empaparme del espíritu de los amantes italianos. Otro arrebato, uno de esos "si no lo hago ahora, no lo hago nunca", por que...¿y si se acaba el mundo? Entonces no me habría pateado calles y calles de Manhattan, no hubiera subido a lo alto del Empire State y a aquella azotea desde la que lo observábamos iluminado una noche de luna llena, o no hubiese visto el atardecer desde Brooklyn. Nunca hubiera visto esa noche tan iluminada en pleno Times Square. Una tarde aburrida en la buhardilla mirando webs de viajes a cualquier destino se me metió otra ciudad en la cabeza: París, ya había esperado muchos años ese momento ideal que nunca llega, y en un "venga, ¿cuando te viene bien?", nos embarcamos. Nada más llegar, Montmartre, La Torre, y París iluminado. Luego el empedrado de las calles, el Sena, los cementerios bajo la lluvia, Hemingway y las cervezas en el bar de Amelie. Incluso ver desde el avión la torre Eiffel iluminada con sus  "estrellitas parpadeantes". No me defraudó, y ahora SE (no me lo imagino como hacía antes) que quiero volver, y lo haré.

Si no hubiera dejado de pensar en que no tenía trabajo, en que hay que ahorrar (¿ahorrar para que?), jamás me hubiera ido, como les pasa a muchos. Esperamos, no sabemos a qué, para vivir y conocer, y no entendemos que donde más se aprende es en el camino. Tememos que algo o alguien nos castigue por no quedarnos esperando a eso que tiene que llegar y salgamos fuera a disfrutar. Es lo único que nos queda ya en un mundo como este, y aún hay gente que no se atreve, que espera inmóvil. 


Al hacer un viaje únicamente me he arrepentido de no haberme quedado más, de no haber descubierto más rincones que formen parte del mapa que hay en mi memoria. Y por eso con mi última vuelta conseguí una cosa: despertar mi deseo latente de vivir en otro lugar.

24/12/11

Los días raros

Los odiaba. Por nada concreto, solo porque durante mucho tiempo les había escuchado en bucle todas las noches de Club de amigos, acaba el cd y lo volvían a poner, una y otra vez. Eso mezclado con el alcohol y mucha gente entre aquellas paredes hacía que todo girara muy melancólicamente, y la voz que cantaba se me antojaba lo más triste del mundo, más que yo. Un concierto, otro, y al tercero me quedé muda, escuchando entre un montón de gente que cantaba, bailaba y bebía sin parar porque esas canciones ya eran suyas. Ahí empecé a escucharles. Eran mis canciones, las que debería haber gritado antes.
Este diciembre he ido a uno de sus conciertos por mi propio pie, sin dejarme arrastrar, y nada más comenzar me quedé muda de nuevo, escuchando esto. Esta es mi canción de Navidad, porque son días raros.

Ábrelo, ábrelo despacio.
Di, ¿qué ves?. Dime, ¿qué ves? ¿si hay algo?;
un manantial breve y fugaz entre las manos.


Toca afinar, definir de un trazo 
Sintonizar, reagrupar pedazos 
en mi colección de medallas y de arañazos.

Ya está aquí 
¿Quién lo vio bailar como un lazo en un ventilador?
¿Quién iba a decir que sin carbón no hay reyes magos?

Aún quedan vicios por perfeccionar en los días raros,
los destaparemos en la intimidad con la punta del zapato.

Ya está aquí 
¿Quién lo vio bailar como un lazo en un ventilador?
¿Quién iba a decir que sin borrón no hay trato?

El futuro se vistió con el traje nuevo del emperador
¿Quién iba a decir que sin carbón no hay reyes magos?

Nos quedan muchos más regalos por abrir,
monedas que al girar descubran un perfil.
Ya empieza el celofán, y acaba en eco.

Vetusta Morla

¿En qué estrella estará mi dulce corazón?

¿En qué estrella estará mi dulce corazón?